Higuera

La calle de Higuera, en teoría, es la más antigua de Coyoacán. Enlaza la parte de atrás del Templo de San Juan Bautista con la plaza de la Conchita. Son sólo dos calles, de Caballo Calco a Figuraco con Arturo Ibáñez, y de éstas a Vallarta.

Higuera tiene todos los elementos para volverse una calle compartida o peatonal. Como hay algunas cocheras y estacionamientos públicos lo correcto es plantear un espacio compartido. Un diseño que asegure la circulación vehicular por debajo de los 20 km/h, y a su vez permita que un peatón camine distraído con plena seguridad.

Higuera, sin embargo, tiene una dificultad. Al ser una calle antigua, la ampliación de la banqueta o la reconstrucción de la calle toda al mismo nivel conlleva el reto de la conservación de algunos materiales preexistentes. Es decir, esto encarece el proyecto y limita sus alcances. Por eso me parece que lo mejor es jugar con herramientas temporales para mejorar la calle y a su vez calmarla: mobiliario, elementos decorativos tanto aéreos como horizontales, y alguna que otra activación que la vuelva temporalmente peatonal.

Es decir, hay que producir un zigzagueo de la circulación vehicular mediante mobiliario urbano (bancas y macetas), decorar el piso mediante una intervención artística temporal, y a su vez adornar la calle con elementos plásticos de color, también temporales, y eventualmente con murales, sobre todo en las fachadas menos agradables (como el estacionamiento público).

Con muy bajo costo podemos hacer las cosas bien y empezar a transformar el espacio, y más adelante, con más recursos, se llevan a cabo las intervenciones permanentes.

Puedo añadir que hay que ordenar sitios específicos: el mercado de comida, el correo, la esquina de Figuraco, entre otros, pero de alguna manera forma todo parte del mismo proceso y exige participación de los vecinos directamente implicados.

Parquímetros

En el Centro de Coyoacán hay desorden y el desorden favorece la corrupción. Esto podría convertirse en un problema grave y creciente. Este desorden se manifiesta de varias formas: más suciedad, más comercio informal y automóviles mal estacionados.

Pareciera que el tema de los parquímetros es tabú. Un par de intentos ha fracasado. Uno de ellos a días de su instrumentación. Yo sostengo que, por un lado, ha faltado voluntad, y por otro, estrategia. Los opositores han sido muy sonoros; los partidarios permanecen en silencio.

Hay distintas zonas de Coyoacán en las que urgen los parquímetros. Naturalmente el polígono que podríamos llamar central, es decir Villa Coyoacán y áreas colindantes (diría por lo menos de Venustiano Carranza a Londres, de Abasolo a Ayuntamiento). Este trazo es bastante arbitrario y tengo ciertas dudas en los límites. Me refiero en concreto a espacios en los que es muy difícil encontrar un lugar de estacionamiento gratuito.

Polígono central

En esta zona podemos encontrar una baja rotación e incluso domina la dependencia del «franelero» ese parquímetro «autogestionado» que está asociado a la ilegalidad: extorsión, presiona al automovilista al pago; distribución de drogas, varios de los franeleros del centro de Coyoacán son dealers; dobles filas y estacionamiento en áreas peatonales. Hay complicidad del escaso personal de tránsito, de la policía preventiva y de la auxiliar.

Otras zonas complejas son entornos de espacios específicos: Oasis, Hospital de la Ceguera, Prepa 6, Londres y Corina, entre otros. En el caso concreto de la cercanía a Oasis tenemos la solución: hay que comenzar la instrumentación en un polígono lejano al centro de Coyoacán. Diría que algo así:

Oriente de Santa Catarina

Es decir, partir, sobre todo, de las calles que están entre Francisco Sosa y Miguel Ángel de Quevedo en el extremo poniente de Santa Catariona: Panzacola, Salvador Novo, Zaragoza, además de Pérez Valenzuela y la propia Francisco Sosa; así como establecer restricciones en las calles angostas de la zona, como Florida, Torresqui, Tlapancalco, de la Reforma, Montecristo; determinar si en Callejón del Río, Parras, Cerrada Miguel Ángel de Quevedo, Cerrada Pedregal o alguna otra, procede la instalación de parquímetros o se establece algún criterio de estacionamiento limitado a vecinos.

Debe haber una gran campaña de información, no dejar que sean las mantas de una organización las que hagan la comunicación. Voluntad y estrategia significa eso: darnos cuenta que los parquímetros son necesarios pero que no pueden ser impuestos sin que la comunidad conozca el programa y se garanticen los máximos beneficios a los menores costos.

A su vez, bien valdría revisar la funcionalidad del reglamento en materia de estacionamiento en vía pública para Coyoacán. Yo sostengo que deberíamos revisar al menos dos elementos. El primero es la determinación de áreas (callejones, calles estrechas, con funcionalidad terciaria) en las que el programa no aplique, que simplemente queden restringidas al estacionamiento de vehículos no acreditados. El segundo es la posibilidad de minimizar el impacto visual de los muebles (aunque este ya está resuelto en otras zonas patrimoniales de la ciudad), como por ejemplo utilizando el modelo de Huamantla: una talavera enumera los cajones (son como 7 mil en todo el centro de Coyoacán) o establece información para enlazar al usuario con el sistema.

Xoco, un modelo para Coyoacán

El Pueblo de Xoco ha sufrido los embates del desarrollo inmobiliario. Al lado de una pequeña iglesia del siglo XVII se construyó el edificio más alto de la ciudad y se están construyendo otras edificaciones, como un centro comercial y un desnivel que conectará todo el conjunto.

Al decir que Xoco es un modelo para Coyoacán no me refiero a los rascacielos o a la invasión inmobiliaria. Me refiero a la inversión que, como compensación al desastre, se lleva a cabo en este momento en el Pueblo. La transformación de las calles interiores en vialidades de tránsito calmado con una buena intervención que hace intuitivo el uso del espacio: calles compartidas con una textura en el piso.

Lo pueden ver en esta imagen, donde pueden ver todo al mismo nivel pero con las piezas colocadas en distinto patrón marcando los límites entre áreas peatonales y áreas de circulación, pero al mismo dejando en claro que todo es peatonal o que el auto debe bajar la velocidad. También hay un patrón de áreas verdes, como se aprecia en los laureles que están a la izquierda de la imagen.

Calle San Felipe

No me gusta cómo se hace la transición del espacio interior del pueblo hacia la zona de rascacielos, eso es notoriamente excluyente, refleja el desprecio del desarrollador hacia el mismo pueblo, pero sin duda, al interior de Xoco se están haciendo bien las cosas.

Real Mayorazgo, en el punto donde los edificios modernos quedan a un lado y el templo de San Sebastián al otro

El proyecto de medidas de mitigación incluye la mejora del entorno del templo de San Sebastián Mártir, así como su restauración. Esto ya está concluido. Quedó muy bien.

San Sebastián Martir – Xoco

Hay una búsqueda de la memoria colectiva: el puente de Xoco, que se recupera a través de las bancas que se han colocado en distintos puntos del proyecto.

El Puente de Xoco recuperado a través de las bancas

Y un tema clave es el tratamiento de los callejones. Bien iluminados, con una paleta de colores estudiada para la zona, se vuelven lugares agradables y no sitios que generen temor o inseguridad, como en otras partes de la ciudad.

Callejón de San Felipe

Entonces, cuando elogio lo que está sucediendo en Xoco pienso en San Diego y San Mateo Churubusco, en Barrio San Lucas, en Villa Coyoacán, en Santa Catarina y en La Conchita, pero también en Cuadrante de San Francisco, Barrio del Niño Jesús, Barrio de la Candelaria, Pueblo de los Reyes, San Pablo Tepetlapa, Pueblo de Santa Úrsula, Copilco el Alto y el Bajo, Oxtopulco, San Francisco y la Magdalena Culhuacán. Es decir, diseñar intervenciones integrales que contribuyan a la preservación, al disfrute y a una mejor integración urbana (en esa parte Xoco queda débil frente a los edificios, las vialidades y la marcada división entre el pueblo y lo moderno).

Me gustan las calidades de Xoco y la forma en que están siendo rescatadas; me encantaría ver este tratamiento en los pueblos y barrios de Coyoacán.

Calle San Felipe, Xoco

El mercado 89

Uno de los retos, me parece, de Coyoacán, es mejorar su mercado. Obviamente es llamativo, suele llenarse de turistas, a los vecinos nos gusta, lo queremos y a su vez también sabemos que es caro, así que cuidamos qué tanto compramos ahí (les recomiendo ir al mercado de San Mateo Churubusco, hasta 20% más barato).

Arquitectónicamente no luce. Cuenta con un cascarón que no debió constuirse así. La nave central tuvo su relevancia arquitectónica pero se construyó un contorno, lo que yo llamo cascarón, más una nave norte, donde se concentra la mayoría de los locales de comida.

Les comparto algunas fotos.

Nave principal.

En la primera imagen pueden ver la estructura del mercado (espero poder hacer una buena descripción, no siendo arquitecto o ingeniero), los techos están directamente sostenidos de cada columna, no hay vigas, como no las suele haber en la obra de Félix Candela, uno de los arquitectos que diseñó este mercado. Sin embargo, los elementos estéticos quedan ocultos en la dinámica real del mercado: la ductería está elevada, cada local ha hecho lo que ha necesitado hacer para la funcionalidad de su local, como en este caso.

El mercado se veía así antes de su inauguración (con base en fotos encontradas en Google). Observen la imagen del lado izquierdo. Allí se nota que hay unas puertas, las cuales eran la entrada al mercado. Esto significa que la crujía exterior actual fue añadida en años posteriores.

Ahora veamos la fachada de Allende. Para ampliar el mercado, en vez de generar una estructura que armonizara con los «hypars» de Félix Candela, se generó una estructura sin mayor valor arquitectónico, usando materiales baratos e incentivando el desorden que ya conocemos, pero donde encontramos todo.

Fachada de Allende. El resto delas fachadas, Malintzin y Xicoténcatl, también tiene esa nave exterior con «casita».

En el mercado también encontraremos, por ejemplo, basura. En vez de gestionar los residuos en contenedores, se tiran sobre la rampa de descarga de mercancía, lo cual es cero higiénico:

El otro andén de descarga se utiliza por «alguien» (el franelero) para estacionar coches y los desbordan hacia la calle de Malintzin, invadiendo áreas peatonales, sin realmente generar una capacidad relevante para llevarle clientela al mercado.

Esta rampa siempre está desbordada de automóviles y camionetas, sin que las personas puedan pasar caminando

Los locales han hecho lo que han querido, sin que la autoridad reaccione, llegando al extremo del local de mariscos (caro pero muy bueno) que se apropió por completo de la banqueta y deja un área estrecha para pasar y de hecho forma un punto ciego en el cruce peatonal. Allí pueden ver que tanto las jardineras lucen espantosas, como que hay otros establecimientos informales en el entorno.

Cada elemento es diferente y fue hecho por distintas personas. Por ejemplo, esta jardinera:

La pregunta pertinente es ¿vale la pena transformar el mercado?

Por lo regular, la modernización de los mercados genera mucha resistencia en la ciudad. Se han hecho modernizaciones superficiales de algunos mercados, pero me parece que ninguno de la estética (oculta) del Mercado 89. Seguramente se puede hacer algo superficial (y podría apostar que si se llega a hacer pronto, terminará siendo algo superficial como pintar la fachada del color del partido en el poder o algo así, lo que terminará siendo triste y lamentable).

Qué propongo. Me parece que no se pueden reducir ni el número o los tamaños de los locales, pero sí se pueden reubicar y ordenar. Sin embargo, antes viene un para qué. Enumero las respuestas:

  1. La fundamental es la conservación del centro de Coyoacán. El mercado no corresponde a la dimensión histórica de la zona.
  2. Otro objetivo es recuperar el control del mercado. Es notorio que hay poderes fácticos y no sabemos sus alcances.
  3. Otro es la sanidad. No puede mezclarse el residuo con los alimentos de esa manera. Dejar la basura en el piso implican riesgos a la salud.
  4. Claramente hay objetivos estéticos. Mercados hay muchos, mercados con valor arquitectónico son pocos en la ciudad.
  5. Pero también deben plantearse objetivos económicos: ¿es tan buena fiesta el mercado de Coyoacán? Tal vez para algunos sí lo es, no estaría seguro que todos los locales funcionen igual. ¿Por qué es un mercado más caro, porque convive con el turismo? ¿Eso hace que la mercancía rote más o que sea de mejor calidad? Son preguntas que podrían tener una investigación sobre el mercado. En todo caso el para qué, representa una posibilidad de diálogo con los comerciantes del mercado para reducir la resistencia al cambio.
  6. También podríamos plantearnos objetivos sociales, muy de la mano, para mejorar las condiciones de los actores de la zona

No es un proceso sencillo. Políticos poco comprometidos con el cambio profundo siempre dirán que basta con pintura. Yo creo que el mercado vale más la pena.

Ahora bien, qué hacer. Les dejaré una presentación. En principio la hice estando en la Alcaldía. En otra área (les encanta duplicar misiones), Vinculación, hicieron otra presentación; incorporé en una última versión algunas de sus ideas. La idea central es aprovechar la calle de Malintzin, volverla peatonal, colocar allí locales del mercado, reproduciendo el concepto de los hypars de Candela y en el contorno hacer intervenciones que evoquen la obra original del mercado, particularmente en las fachadas de Malintzin y Allende.

En el caso de Xicoténcatl, es decir, la nave norte, se podría edificar un segundo piso del mercado, sea como bodega o como área de venta de inorgánicos, similar a lo que ocurre ya en esta imagen, donde algunos locales han formado un segundo piso de hecho:

No está mencionado en la presentación pero me parece que un tema clave es enterrar los cables del mercado y hacer una escala de local que permita ampliar las capacidades de almacenamiento sin que los locatarios modifiquen sus locales hacia arriba, para que luzcan los hypars. También hay un detalle, la calle de Malintzin tiene una escuela al lado opuesto del mercado, lo que forzaría a usar estufas eléctricas, en caso de que se instale allí un área de comida.

Este es el GIF de la presentación:

Por último, les diría que las zonas más inseguras del Centro de Coyoacán están en torno al mercado: cristalazos en Abasolo, asaltos en el entorno del Jardín Allende y hacia París, por las calles de Allende y Aguayo. Transformar el mercado abonará a la seguridad.

Dos jardines, una plaza

Calle Aguayo, entre los jardines Centenario e Hidalgo

La imagen inicial de esta entrada retrata bien lo que debe cambiar en los Jardines Hidalgo y Centenario. Operan como dos espacios separados, deberían ser uno solo. Al centro hay una plataforma donde la preferencia debería ser peatonal, pero se utiliza como estacionamiento temporal de visitantes, patrullas, basura, tranvía y turibús.

Los peatones deberían poder cruzar con los ojos cerrados: sin embargo, es común que los autos pasen a exceso de velocidad y que los policías sean testigos de peatones esperando decenas de segundos antes de poder atravesar la calle. En la imagen se ven, de hecho, peatones cruzando; el conductor de la camioneta que se encuentra al centro de la imagen no cedió el paso.

Se observa el tranvía, que se convierte en un punto ciego. Los peatones no saben cuándo viene un automovilista al centro de la vía. No debería detenerse en ese punto.

También vemos unos trafitambos, algo que, a pesar de su impacto visual (se ven espantosos), podrían contribuir a estrechar el área de circulación; no obstante, sólo se utilizan para evitar que se estacionen (más) autos junto a los jardines.

Hay tres soluciones posibles:

  1. Modificar la calle, generar un área de circulación de 4.5 metros aproximadamente, al menos desde la calle anterior a los jardines (Ortega), que permita operaciones de ascenso y descenso pero con un solo carril de circulación.
  2. Desplazar los bolardos que ya existen en los jardines, para dejar un área de circulación de 4.5 metros en la plataforma central, donde se genere un espacio compartido que permita un movimiento rápido de ascenso y descenso de vehículos, pero el paso franco y seguro de las y los peatones y un solo carril de circulación.
  3. Colocar mobiliario urbano para generar ese mismo espacio, 4.5 metros y no 8, como es la separación actual de los trafitambos (ver imagen inferior), para generar un área agradable, segura y que permita el libre paso peatonal.

Claro, existe la posibilidad de que no se haga nada, que es lo que temo siga sucediendo.

Calle Aguayo, entre el Edificio Obradour y el Jardín Hidalgo

Centenario

Centenario es una calle rara. Empieza muy ancha, donde termina Cuauhtémoc / Calzada México – Coyoacán. Luego se estrecha, después se amplía, después se vuelve a estrechar. Sin embargo, los autos corren, es difícil de cruzar. Después se estrecha aún más, cuando se convierte en Tres cruces.

Cuál es mi idea. La capacidad de Centenario está marcada por el cruce de Tres Cruces y Miguel Ángel de Quevedo. Dos carriles angostos. Bueno, pues hay que arreglar banquetas, ampliarlas, y estrechar carriles. También hay que proteger los pasos peatonales.

No sé ustedes, pero esto me da mucha vergüenza:

¿Dónde está la banqueta?

Entonces necesitamos ampliar las banquetas. Sé que podríamos dejar Centenario de un solo carril, pero esa es una batalla más difícil. Lo que sí se puede es que en vez de contar con dos carriles de 4.3 metros, podríamos reducir el tamaño del carril a 3.0 metros y ampliar cada banqueta 1.3 metros. Esto permitirá que ambas aceras sean un poco más espaciosas.

En la acera poniente simplemente no hay cómo caminar sin toparse con piedras. La Alcaldía está a una cuadra, yo trabajé allí, pero no logro convencer que se atiendan las banquetas de Centenario. ¿Alguien me acompañaría a una manifestación para que se amplíen las banquetas de Centenario y hagamos un proyecto para mejorar de Churubusco a Quevedo?

De paso

Tal como explicaba en el post inicial de este blog, mi primer recuerdo de Coyoacán es un recorrido de paso por Centenario. Nosotros vivíamos en la Colonia del Valle y ese día nos trasladábamos a Pedregal de San Francisco, que en aquella época no era una colonia enrejada.

Coyoacán sufre el tránsito de paso. Las rutas son infinitas pero podría resumir la existencia de tres rutas: una central, como continuación del Eje 1 Poniente, con el par vial Centenario/Tres Cruces – Carrillo Puerto/Aguayo; otra al poniente, un poco menos directa, con Ayuntamiento – Melchor Ocampo, como vías mejor trazadas, pero con el apoyo de calles terciarias menos convenientes (Aurora hacia el sur, Pino desde el sur); una más hacia el oriente, Gómez Farías/Vallarta – Fernández Leal/Abasolo.

Lo que describa de estos atajos es impreciso, porque en realidad hay más alternativas, a veces por horario, pero todo como un embudo: como el número de entradas o salidas de Coyoacán es limitado, los automovilistas buscan ciertos puntos para cruzar Río Churubusco: Universidad, México, División del Norte y los retornos en los bajo puentes de Xoco y Alberca Olímpica.

Uno de los grandes retos de Coyoacán Centro es que todas las calles operen a baja velocidad: máxima 30 km/h, incluso que los rebases no sean posibles. No es lo que quiere la policía, que insiste en «acomodar» más autos en las calles. El reto no es que circulen, sólo que quepan.

Imaginemos que fijamos esa regla. Todos a 30 máxima y en un carril. En algún punto habría congestión. ¿Qué le decimos a ese vecino que vive al sur de Quevedo y viene de la zona central de la ciudad? La solución es difícil. Yo creo que sí debemos evitar el tránsito de paso por Villa Coyoacán, pero que también deberíamos estudiar una alternativa de la que he hablado en el pasado: el túnel. Es extraña, es provocativa, pero insisto, me parece que se debe estudiar.

No olvidemos lo básico, sin embargo: calmar las calles. Hoy existe demasiada presión sobre callejones por la preeminencia indebida del tránsito de paso: Real de San Lucas, Montecristo, La Encantada, Alberto Zamora, entre otras calles terciarias, pierden su belleza por la agresividad de conductores buscando atajos. Esto debe cambiar.

Cómo NO se gestionan las banquetas

En mi salida de la Alcaldía de Coyoacán hay un hecho fundamental: las banquetas de Viveros. Mi presencia en la administración local tendría que haber hecho la diferencia en la infraestructura peatonal; no fue así.

Días antes de iniciar la actual administración tuvimos un sábado de preparación de las primeras acciones de gobierno. Ese día hice énfasis en algo que me parece clave: primero planear la infraestructura peatonal y luego ejecutar, no ejecutar directo como hacen todos. Es decir, pedí que en 2021 no se atendieran banquetas para que en 2022 se realizaran trabajos con mejor estrategia.

De pronto me entero que estaban programadas las banquetas de Viveros. Las fui a ver. Estaban mal, sin duda, pero lo que solicité fue intervenirlas bajo la lógica de un trayecto: cruces peatonales, accesibilidad, equipamiento ciclista, orejas, ampliar el área de Madrid y México donde hay un cruce peligroso, modificar el giro hacia Melchor Ocampo donde también hay riesgos.

Hice lo más que pude para corregir el «proyecto» (ni siquiera había tal). En mi reclamo terminamos en una reunión exprés en la que insistí no sólo en la viabilidad de modificarlo, sino que anticipé que había realizado avances en gestiones con el Gobierno Central. Alguien, a quien no concedo autoridad alguna, respondió que no era viable. Debí renunciar en ese momento, me ganó la prudencia.

Hoy pueden ver las banquetas de Viveros: malos acabados, rampas con pendientes fuera de norma, mal ubicadas y hasta bloqueadas por vehículos estacionados. De forma improvisada ampliaron las áreas de intervención en otras calles, sin una razón objetiva de por qué hacerlo así, con los mismos resultados.

No voy a personalizar las culpas: el problema no es Coyoacán. Todas las autoridades locales improvisan la estrategia peatonal. Mi ofensa en Coyoacán es que fui utilizado: se me invita y elogia por lo que represento, pero se me anula por completo en la toma de decisiones. Me fui porque busco influir desde fuera; no me siento cómodo con un encargo decorativo.

Cambio la página. El tema no soy yo. Ni el alcalde. Nadie en específico. Es Coyoacán y los coyoacanenses.

Rampa obstruida y fuera de norma
Esta foto es previa a la colocación de los bolardos … pero ya ahí se observa que la ubicación es incorrecta. La falta de «orejas» facilita que los autos invadan la rampa.

Una experiencia de 6 meses

No pretendo que este blog sea en torno a Giovani Gutiérrez, sino en torno a Coyoacán. Así que en esencia esta entrada habla de mi llegada al gobierno y mi salida del mismo. La de mañana hablará de cómo no se gestionan las banquetas, y ya luego damos vuelta a la página y nos concentramos en las propuestas coyoacanenses.

Mi experiencia en la Autoridad del Espacio Público me dejó enormes satisfacciones pero también un desgaste emocional. Detrás de mí desapareció la institución a la par que las diferencias con el nuevo gobierno crecieron. En mi proceso de duelo – depresión llegamos a la conclusión que debía dejar atrás mis ambiciones políticas. Uso el plural porque eso incluye a mi psicóloga.

Sé que no estoy del todo convencido de dejar gobierno, política o ambiciones políticas, pero también hay el reconocimiento de mi propio carácter. Me siento satisfecho de lo que hice al frente de la AEP y de la delegación de PROFEPA en la Ciudad de México (2003-2006). No alcanzo el mismo nivel de satisfacción en mis otros pasos por la administración pública, llegando a expresar en ocasiones un sentimiento distinto: frustración. La clave está en la autonomía que tuve al encabezar un equipo: en AEP y PROFEPA.

Como decía ayer, no quería regresar al gobierno, pero la oferta de una «Dirección General de Innovación, Planeación, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano» era tentadora. No obstante, la idea de renunciar llegó a mi cabeza el cuarto día. Una reunión de 4 horas con 23 personas y sin conclusiones significativas fue mi primer aviso de algo que no iba conmigo. No sentí que pudiera dar resultados con un equipo sobre el que no tenía el mando pleno, perfiles inadecuados, sin una oficina propia, funciones duplicadas en una estructura orgánica que no me parece funcional.

A los pocos días expresé mi intención de renunciar ante quien me invitó al equipo. Hablamos. Me esforcé, pero en mi cabeza estaba que esto no podría durar tres años. Día tras día ocurrían eventos distintos a mi perspectiva de ciudad o de buena colaboración, desde lo más nimio hasta lo más profundo.

Tal vez para muchos otros se trate de algo menor, o que se puede dar la batalla de otra manera, pero en mi caso pesó enorme y negativamente la renovación de banquetas en los Viveros, de ello hablaré mañana. No me puedo identificar como Rey Peatón® y aceptar un proceso de gestión de la infraestructura peatonal distinto del que promuevo.

Coyoacán azul

El 6 de junio, Acción Nacional, en coalición con el PRD y el PRI, ganó Coyoacán. Participé, con entusiasmo, en la campaña de Giovani Gutiérrez. El triunfo fue abrumador, 17 puntos de ventaja sobre un candidato que sólo tenía la ventaja de pertenecer al partido en el gobierno.

No tendría elementos objetivos para hablar mal de Carlos Castillo, el rival morenista; pero todos los elementos subjetivos iban en su contra. Demasiado alto, desgarbado, poca chispa, mala retórica, y para colmo, perteneciente al grupo de René Bejarano.

En el caso de Giovani Gutiérrez, hasta ese momento, sólo podía expresar adjetivos positivos. Inteligente, simpático, le entra duro a la comida mexicana, es muy generoso en su trato personal, te elogia, te escucha, te atiende. Fue un candidato disciplinado y eso le ayudó a triunfar.

Ganar era mi objetivo no como un proyecto profesional, sino por la satisfacción de no ser gobernado localmente por un mafioso como Mauricio Toledo y sus títeres, ni por Morena. El festejo en el World Trade Center fue emotivo. 9 alcaldías quedaron en manos de la Alianza PRI-PAN-PRD, 7 a cargo de Morena. En ese momento se perfilaba una mayoría aliancista en el Congreso que terminó revirtiéndose, un poco con operación política y otro poco con mano negra de Morena cabildeando en los tribunales.

Del WTC nos fuimos al Gran Forum, a la celebración de Coyoacán. Había música, baile, abrazos, fotos. En corto, Giovani expresó que haría el mejor gobierno. No tenía cómo no creerle, llevábamos tres meses repitiendo lo mismo. Pero luego me dijo que yo sería parte de ese gobierno. No era el momento de desmentirlo, pero hasta ese punto tenía la convicción de no participar en el gobierno.

Detrás también tenía la convicción y el orgullo de haber sido pieza clave en la elaboración de la propuesta. Giovani presentó una agenda creativa, progresista, de transformación urbana que, al haber ganado los comicios, lo obliga. Él debe cumplir con sus compromiso de campaña.