Atajos

Casi todas las colonias de la ciudad padecen los atajos. En nuestras rutas de mediana y gran distancia, en auto, tendemos a buscar rutas más cortas o paralelas a las avenidas. La única excepción colonias que se encuentran en rincones que no conducen a ningún espacio; son pocas, en realidad.

Por ejemplo, Country Club es una colonia remetida de la Calzada de Tlalpan, rodeada por el Club Campestre, no tendría por qué ser atajo de nadie. A esto sumémosle que tiene sólo dos entradas y salidas, el tránsito interior está controlado. Sin embargo, sí ocurren episodios de atajo, en los mayores momentos de congestión de Tlalpan.

Colonia Country Club

Los atajos pueden alterar significativamente la vida de las colonias, o incluso de manera específica de las calles. Cualquier mención que haga respecto a los atajos está expresada desde mi subjetividad o la de alguien más.

Por ejemplo, el caso de La Escondida, una pequeña callecita que, frente a la desesperación de los conductores todo puede suceder: los vecinos me contaban de una mujer sorda que fue atropellada por un automovilista histérico que no pudo hacer escuchar su claxon.

El atajo de La Escondida funciona más o menos así

Un intento, saboteado por diferentes autoridades, por evitar el tránsito en el pequeño callejon de La Escondida, fue el siguiente: los vecinos pusieron una maceta, que luego fue retirada y desaparecida. Que a nadie se le ocurra resistirse a los atajos. Esa maceta forzaba a que la incorporación de los autos fuera después de la calle Tata Vasco, evitando el paso por el tramo más angosto.

Ruta alterna planteada por vecinos para evitar el paso por el tramo más estrecho del Callejón de La Escondida.

Existe un atajo igual de absurdo. La calle de Montecristo. Un solo carril, sin espacio peatonal en algún tramo, y los automovilistas lo utilizan como ruta para evitar un tramo de Universidad y llegar más rápido tanto a Miguel Ángel de Quevedo como a Francisco Sosa.

De hecho, para tomar Montecristo, los automovilistas se abren y quedan en sentido contrario, pues es tan estrecha que no podrían dar la vuelta a 90º.

Considerando lo pintoresca que es la zona, creo que se podría hacer un buen documental sobre los atajos: es una de las máximas estupideces que cometemos al permitir los atajos.

Ahora sí mi propuesta. Necesitamos reorganizar el tránsito de la zona y limitar los atajos. Calles como Zaragoza, Melchor Ocampo y Pino, pueden recibir hasta cierto punto tránsito de paso pero a baja velocidad. Sin embargo, La Escondida, Tatavasco, Montecristo, Retama, Panzacola, Callejón del Río, Torresqui, entre otras, no tienen la escala para el tránsito de paso.

Tomo el Barrio de Santa Catarina como ejemplo, pero en realidad podemos hablar de muchos otros barrios, pueblos y colonias de Coyoacán y de la ciudad en conjunto. En el caso concreto de Montecristo, Retama y La Escondida, bastaría con un buen macetón para evitar el tránsito de paso. En otras calles hará falta cambiar el sentido de circulación y en otras más colocar dispositivos de control de tránsito inhibitorios, que a la vez armonicen con la estética de la zona.

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